Es un divertimento literario, una pieza de JAZZ, en el que Saramago, con su estilo característico, se enreda en la trama ilógica de las historias primigenias del Antiguo Testamento.
El escritor portugués se inserta en la tradicional narración sagrada aprendida (que no leída) a través de catequistas rígidos y voluntariosos que aparentemente nunca entendieron o percibieron la falta de lógica del relato, y que obvia decir, le restan toda credibilidad. Esa historia, que de tan antigua debió originarse como un relato transmitido de manera oral, previo a la invención de la letra escrita, ha sido recibida en los primeros años de vida de generación tras generación de creyentes cristianos, con el efecto nocivo de deformar su manera de entender (de pensar, como proceso cerebral) por su falta de coherencia. Esta leyenda, manejada como dogma, ha trastocando mediante su falta de lógica, nuestro comportamiento para aprender y percibir, en los primeros años de formación, enseñando a que no se tiene que entender algo que se aprende… a que no se debe cuestionar la falta de sentido de algo, sino estar de acuerdo… y mansamente asentir y permanecer callado… “es palabra de Dios”.
Cabe mencionar que los latinoamericanos desde que nos consideramos como tales, hemos sido deformados con esta falacia, la cual nos marca y nos da personalidad, tanto como individuos, como familias, como comunidades y como países (y explica de alguna manera nuestro comportamiento político). No se tiene que entender ni cuestionar, hay una lógica oculta en todo esto y tu pequeña mente no alcanzará nunca a comprender algo tan sencillo como este cuento… calla y aprende, sométete y repite aunque parezca que no tiene sentido, reza. Y así comienza nuestra formación académica, nuestro proceso de aprendizaje, de explicarnos el mundo y su funcionamiento. Un virus de origen en el disco duro.
José Saramago, un niño al que probablemente sus padres o sus abuelos no sometieron intelectualmente y por el contrario, fue impulsado a cuestionar la lógica y la razón de las cosas, juega en este libro con el mito del judío errante. Un judío castigado por Dios a vagar por el tiempo y el espacio a la manera en que lo harían Tony y Douglas en el Túnel del tiempo, participando y conviviendo con los personajes que con sus acciones y decisiones iban forjando la historia bíblica que ahora conocemos. Y de alguna manera, con lo que ahora conocemos como el “efecto mariposa” utilizado en muchas películas recientes de ciencia ficción (Back To The Future (the trilogy), The Butterfly Effect, Corre Lola corre, Frequency, A Sound Of Thunder) que tratan sobre los efectos que tiene la intervención de un personaje del presente en las acciones del pasado, modificando el nuevo presente, altera el devenir provocado por ese Dios arbitrario, injusto e ilógico, echando por tierra los planes divinos y erradicando a la humanidad.
Hilando una historia sobre el entramado irregular de la palabra que algunos humanos argumentaron que era divina, una trompetilla al cielo con sabor a premio Nobel.