Thursday, July 24, 2014

Al sur de la frontera, al Oeste del Sol


Haruki Murakami



South of the Border, 
West of the Sun
1992 

Una de las características de este escritor japonés es que no se cierne a la fuerte tradición cultural del archipiélago del sol naciente, sino que tiene una fuerte influencia de la cultura estadounidense, la de las tropas de ocupación gringas tras la segunda guerra mundial. Esta característica la comparte con muchas personas de su generación que de niños vivieron esa transición. En sus libros narra las incursiones del ejército japonés invadiendo China, donde los súbditos del imperio del círculo rojo cometieron indescriptibles abusos y cuya violencia afectó a muchos soldados de la generación de su padre, pero como perpetradores, como ejecutores del mal. La violencia marca a víctimas y verdugos para toda la vida incluso dejando una huella en la nueva generación, muchas veces sin que estos entiendan el acontecimiento. 

Como dato curioso, este autor no denota rencor alguno contra los estadounidenses por invadir a su país, por el abusivo bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, por las arbitrariedades cometidas contra la población por las fuerzas de ocupación durante los años después de la guerra. Es como si hubieran sobrevivido a un accidente automovilístico que ocurrió y nada más, sin mayores aspavientos, sin rencores desgarradores ni deseos de venganza. Cosas que pasan, ni modo, a lo que sigue. En ese sentido me parece muy oriental, muy zen, centrado, balanceado, ecuánime.
La música parece ser una parte medular en su vida y siempre la menciona en sus narraciones, por una parte la música sinfónica que acompaña a sus personajes en las diferentes novelas y el Jazz, ese género musical definitivamente estadounidense que surge de la fusión de los himnos religiosos cristianos conocidos como Gospel y el Rithm & Blues, ambos desarrollados por las comunidades descendientes de los esclavos africanos, con algunas influencias menores de otros géneros que aportaron instrumentos, ritmos y melodías. South of the border, es una canción norteamericana de amor y nostalgia de inicios del siglo 20 que habla de un romance malogrado en un viaje a México.


En el libro, el autor juega comentando acerca de una versión favorita cantada por Nat King Cole, la cual nunca ocurrió y sin embargo… ya existe. En YouTube un cantante que imita la voz del emblemático cantante de color, ha subido una versión de la melodía después de leer el libro. Genial. Pero no, esa interpretación nunca existió. Yo personalmente prefiero la versión instrumental de Herb Albert & The Tijuana Brass que tiene un sabor muy mariachero con los vientos y percusiones, aunque ni la letra ni la melodía de esa canción me gustan del todo. Y bueno, la cantó hasta Frank Sinatra.
La trama refleja la importancia que todos tenemos en las interacciones con demás personas, sobre todo en nuestras relaciones amistosas y amorosas. A veces nos cuesta recordar algún evento que para la otra persona ha sido tan trascendente que marca su vida para siempre. Eso sin duda pasará todo el tiempo, pero la situación cambia cuando nos enteramos por terceros que nos encontramos por casualidad años después de esa añeja y casi olvidada relación y descubrimos que nuestra intervención o como resultado de ella, la vida de la otra persona cambió por completo, para bien o para mal. En ocasiones eso nos puede nublar una tarde con remordimientos o nos puede alegrar el  día cuando el resultado ha sido positivo. Lo cierto es que la vida sigue y necesitamos tomar en consideración el efecto de nuestras acciones, de nuestros comentarios y nuestro ejemplo en la vida de las personas que nos rodean, sobre todo de aquellos que comparten las situaciones más íntimas o afectivas, pero todas son importantes.


Finalmente comentar también la referencia de al Oeste del Sol, como una de esas situaciones que le encantan a Murikami en las que uno despierta sin saber a ciencia cierta dónde está, cómo llegó ahí o incluso aplicando el típico “quién soy”, que de alguna manera imagino autobiográfico ya que por algunos años administró un antro de Jazz y bueno, la bohemia siempre lleva por esos caminos turbios de humo de cigarro y excesos en el consumo del alcohol, lo que acaba por borrar la cinta y no podemos recordar lo que ocurrió, pero en este caso en particular hace referencia con un padecimiento extraño conocido en las zonas árticas como Piblokto, que por cierto, dicho evento le ocurre  más a las mujeres inuit, esquimales que habitan el casquete polar, y está relacionado con un exceso de ingesta de vitamina A, que se encuentra en la grasa, riñones e hígado de peces y mamíferos y que las hace desarrollar conductas erráticas de enojo o como caminar sin descanso en la temporada de noche continua en busca del sol, acciones que parecen no recordar al volver a la normalidad y que en la antigüedad atribuían a posesiones del cuerpo por otros espíritus. Lo que toda buena borrachera requiere al día siguiente, un buen pretexto y no poder acordarse de nada. Todo sea por el Jazz. Queremos rock pero cualquier pretexto es bueno para seguirla. La recomiendo ampliamente, si mi opinión le sirve de algo.