Thursday, July 24, 2014

Al sur de la frontera, al Oeste del Sol


Haruki Murakami



South of the Border, 
West of the Sun
1992 

Una de las características de este escritor japonés es que no se cierne a la fuerte tradición cultural del archipiélago del sol naciente, sino que tiene una fuerte influencia de la cultura estadounidense, la de las tropas de ocupación gringas tras la segunda guerra mundial. Esta característica la comparte con muchas personas de su generación que de niños vivieron esa transición. En sus libros narra las incursiones del ejército japonés invadiendo China, donde los súbditos del imperio del círculo rojo cometieron indescriptibles abusos y cuya violencia afectó a muchos soldados de la generación de su padre, pero como perpetradores, como ejecutores del mal. La violencia marca a víctimas y verdugos para toda la vida incluso dejando una huella en la nueva generación, muchas veces sin que estos entiendan el acontecimiento. 

Como dato curioso, este autor no denota rencor alguno contra los estadounidenses por invadir a su país, por el abusivo bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, por las arbitrariedades cometidas contra la población por las fuerzas de ocupación durante los años después de la guerra. Es como si hubieran sobrevivido a un accidente automovilístico que ocurrió y nada más, sin mayores aspavientos, sin rencores desgarradores ni deseos de venganza. Cosas que pasan, ni modo, a lo que sigue. En ese sentido me parece muy oriental, muy zen, centrado, balanceado, ecuánime.
La música parece ser una parte medular en su vida y siempre la menciona en sus narraciones, por una parte la música sinfónica que acompaña a sus personajes en las diferentes novelas y el Jazz, ese género musical definitivamente estadounidense que surge de la fusión de los himnos religiosos cristianos conocidos como Gospel y el Rithm & Blues, ambos desarrollados por las comunidades descendientes de los esclavos africanos, con algunas influencias menores de otros géneros que aportaron instrumentos, ritmos y melodías. South of the border, es una canción norteamericana de amor y nostalgia de inicios del siglo 20 que habla de un romance malogrado en un viaje a México.


En el libro, el autor juega comentando acerca de una versión favorita cantada por Nat King Cole, la cual nunca ocurrió y sin embargo… ya existe. En YouTube un cantante que imita la voz del emblemático cantante de color, ha subido una versión de la melodía después de leer el libro. Genial. Pero no, esa interpretación nunca existió. Yo personalmente prefiero la versión instrumental de Herb Albert & The Tijuana Brass que tiene un sabor muy mariachero con los vientos y percusiones, aunque ni la letra ni la melodía de esa canción me gustan del todo. Y bueno, la cantó hasta Frank Sinatra.
La trama refleja la importancia que todos tenemos en las interacciones con demás personas, sobre todo en nuestras relaciones amistosas y amorosas. A veces nos cuesta recordar algún evento que para la otra persona ha sido tan trascendente que marca su vida para siempre. Eso sin duda pasará todo el tiempo, pero la situación cambia cuando nos enteramos por terceros que nos encontramos por casualidad años después de esa añeja y casi olvidada relación y descubrimos que nuestra intervención o como resultado de ella, la vida de la otra persona cambió por completo, para bien o para mal. En ocasiones eso nos puede nublar una tarde con remordimientos o nos puede alegrar el  día cuando el resultado ha sido positivo. Lo cierto es que la vida sigue y necesitamos tomar en consideración el efecto de nuestras acciones, de nuestros comentarios y nuestro ejemplo en la vida de las personas que nos rodean, sobre todo de aquellos que comparten las situaciones más íntimas o afectivas, pero todas son importantes.


Finalmente comentar también la referencia de al Oeste del Sol, como una de esas situaciones que le encantan a Murikami en las que uno despierta sin saber a ciencia cierta dónde está, cómo llegó ahí o incluso aplicando el típico “quién soy”, que de alguna manera imagino autobiográfico ya que por algunos años administró un antro de Jazz y bueno, la bohemia siempre lleva por esos caminos turbios de humo de cigarro y excesos en el consumo del alcohol, lo que acaba por borrar la cinta y no podemos recordar lo que ocurrió, pero en este caso en particular hace referencia con un padecimiento extraño conocido en las zonas árticas como Piblokto, que por cierto, dicho evento le ocurre  más a las mujeres inuit, esquimales que habitan el casquete polar, y está relacionado con un exceso de ingesta de vitamina A, que se encuentra en la grasa, riñones e hígado de peces y mamíferos y que las hace desarrollar conductas erráticas de enojo o como caminar sin descanso en la temporada de noche continua en busca del sol, acciones que parecen no recordar al volver a la normalidad y que en la antigüedad atribuían a posesiones del cuerpo por otros espíritus. Lo que toda buena borrachera requiere al día siguiente, un buen pretexto y no poder acordarse de nada. Todo sea por el Jazz. Queremos rock pero cualquier pretexto es bueno para seguirla. La recomiendo ampliamente, si mi opinión le sirve de algo.


Monday, January 20, 2014

Con el agua al cuello

Petros Markaris

Petros Márkaris
Con el agua al cuello, Tusquets Editores México 2012
Es una historia policíaca que muestra la precaria existencia y el gris horizonte, vislumbrado a futuro, por los habitantes de Grecia, ciudadanos e inmigrantes ilegales, debido a la crisis financiera mundial perpetrada por la avaricia de los bancos y las casas de bolsa, principalmente las instituciones norteamericanas, de la mano los bancos de todo el mundo.


Grecia es el escenario donde ocurre la trama de esta novela y es, sin lugar a dudas, el país integrante de la UE que ha resultado más perjudicado, seguido de Irlanda, Portugal y España. Además, tratando de dilucidar la trama policíaca que implica una serie de asesinatos y decapitaciones, el comisario de la policía ateniense que va por el nombre de Kostas Jaritos, descubre otra crisis humana. La provocada por el deporte profesional y los millonarios premios ofrecidos a los triunfadores por las mismas organizaciones deportivas internacionales, los medios informativos masivos que se pelean los millonarios contratos de transmisión exclusiva de los eventos y las empresas que utilizan la imagen de estos campeones para promocionar sus productos. Tal fenómeno ha provocado el desarrollo secreto y el consumo de substancias que les permiten a los atletas mejorar su desempeño pero que afectan terriblemente la salud de los atletas, todo para logar mejorar esas milésimas de segundo que separan a los perdedores de las estrellas del deporte, que firman millonarios contratos. Esa audacia, a veces perpetrada por representantes y entrenadores, en no pocos atletas propicia enfermedades prolongadas e incontrolables, llenas de sufrimiento, además de la pena por el desenmascaramiento de la realidad por parte de las instituciones que realizan las pruebas antidoping, que los sumergen en el descrédito y la miseria. Basta recordar el caso más sonado, el del famoso ciclista estadounidense Lance Amstrong, quien después de ganar las competencias más afamadas de Europa y de romper los records mundiales, finalmente se vio obligado a reconocer la manera en que combinaba el entrenamiento con el consumo de substancias prohibidas, sin escrúpulo alguno, con premeditada y alevosía.

Así, mediante la cuidadosa e ilustrativa construcción de los acontecimientos de esta trama policíaca que desenmascara el juego de las finanzas internacionales, Petros va mostrando al lector con lujo de detalle la desesperanza que siente al ciudadano común ante la devaluación de sus bienes y sus ahorros y la complicada situación de la economía donde nadie o casi nadie, se puede dar el lujo de comprar nada, lo que dificulta el lanzamiento de nuevos emprendimientos o la apertura de negocios. La sociedad enfrenta una parálisis que desmotiva la educación y las actividades deportivas, culturales y recreativas e incrementa el estrés, la adquisición de todo tipo de adicciones, la violencia, el crimen y la corrupción, afectando gravemente la calidad de vida de la población.
Esa situación me resultó ser extrañamente familiar ya que muchos de mi generación crecimos escuchando esas mismas quejas por parte de nuestros padres aquí en México y esa preocupación, aunada a otros fenómenos sociales, como el terremoto de 1985, impulsó muchos de los cambios sociales que provocaron cambios importantes en el gobierno y en la manera de gobernar, que los jóvenes milenarios y de la generación X no sufrieron, y por tanto desconocen. El estricto control de las variables macroeconómicas establecidas por el gobierno de Ernesto Zedillo y continuadas por Vicente Fox y Felipe Calderón, han protegido a México y a sus ciudadanos contra este tipo de situación en donde la culpa es de todos, pero la responsabilidad es del gobierno. Por eso se estableció la independencia del Banco de México y su sistema de funcionarios profesionales de carrera, donde su presidente tiene un turno de 8 años en el cargo para así para evitar las fluctuaciones cada 6 años de los cambios sexenales político-partidistas y la tentación de dictar desde Los Pinos las políticas monetarias y financieras del país, obligando que el banco de México sea manejado por expertos y no por compadres leales a un presidente o un partido. Esas prolongadas crisis sufridas por gran parte de la población provocaron que las personas con cierto éxito económico se acostumbraran a abrir cuentas en dólares en el extranjero, para proteger su patrimonio de las reiteradas estupideces y abusos cometidos desde el poder, provocando una falta de confianza que Fox y Calderón no supieron superar y que ahora va en picada franca. Esas inversiones y cuentas de ahorro, que podrían propiciar inversiones y empleos en nuestros país continúan escondidos fuera de las fronteras y el gobierno mexicano, en lugar de propiciar un ambiente que convenza y atraiga, instauran más controles a través de los bancos, con el pretexto de incrementar el pago de impuestos.

El pueblo griego apenas ha comenzado el calvario de la crisis financiera y sufren los enormes sacrificios de la población para hacerles frente, dejando en claro algo que hace tiempo aprendimos aquí en Mexicalpando de las Tunas y que esperemos no se nos olvide. La crisis es social y la pagamos todos, los beneficios siempre son particulares y de un grupo de notables (una pandilla de pillos). El actual modelo político (y social) mexicano está sufriendo un grave desgaste en todos los frentes y no tenemos bien en claro lo que debemos hacer. El tejido social es un harapo deshilachado y desteñido que trata de encontrar una respuesta a una pregunta que no ha comenzado a entender.

Con la reforma energética se espera liberar una serie de amarres legales para permitir una mayor explotación de yacimientos petroleros y de gas natural, que el grupo en el poder trata de justificar explicando que la generación de dinero beneficiará a todos con precios más bajos para el gas, la electricidad y la generación de nuevos empleos. Nos ponen como ejemplo mediante obtusas campañas de medios la numerosa y extensiva explotación de yacimientos en EEUU, asumiendo que todos entendemos, obvio, que eso debe de ser algo bueno ya que lo están haciendo los gringos.
Sin embargo, no se comenta la grave situación que enfrenta la política interna de los EEUU, por no llamarle democracia, donde los diputados y los senadores, el presidente y los jueces, han sido comprados con las fortunas, cuando no cooptados por la influencia, de las empresas petroleras, lo que ha propiciado que representen y protejan los intereses de los petroleros, en detrimento de la ciudadanía y del medio ambiente. Una situación que pondría en jaque a las instituciones que aún parecen funcionar. No nos muestran los severos problemas ecológicos que están causando estas empresas transnacionales están provocando en todo el territorio estadounidense sin ningún pudor, con los escandalosos derrames y fugas que están propiciando en mares, ríos y bosques, de los cuales, con los poderes de gobierno en su bolsa de caudales, no hay quien los haga responsables y ahí se quedan como un problema sin resolver, algo que está pasando. Si las fugas que se han detectado en la superficie son gravísimas y muy costosas en términos ecológicos y de salud pública, son muchas las fugas no son visibles y que contaminan los mantos freáticos de donde se obtiene el agua para beber, para regar sembradíos y para que se puedan abastecer las granjas de animales de los que se alimenta la población.

Es hasta que las personas comienzan a mostrar síntomas de envenenamiento o graves enfermedades terminales cuando se estima pertinente el análisis del agua para descubrir residuos de hidrocarburos y de otros químicos, con una toxicidad de impredecibles efectos para la salud y sólo entonces se trata de descubrir la falla y a los responsables. Las empresas transnacionales se lavan las manos y evitan a toda costa hacerse responsables de esta contaminación. Como mencioné antes, las empresas petroleras tienen compradas a las autoridades y jueces para mantenerse impunes, y esto lo han hecho y lo siguen haciendo en su propio territorio, nuestros vecinos del norte.
Con la confianza que tenemos en nuestras autoridades, la falta de conocimientos y cultura de nuestra población, la falta de legislaciones medioambientales y de su reglamentación incluyendo sanciones, considero de manera personal que sería más el sufrimiento de los afectados y daños al medio ambiente, que los recursos financieros que se obtendrían al dar manga ancha a la explotación de los recursos en territorio mexicano por parte de compañías extranjeras que nos presentan como “expertas”.
 

 Lo mismo aplica a la explotación de minas. Tenemos que desarrollar otras opciones, perfeccionar la vocación turístico-ecológica de nuestro territorio y cuidar nuestros recursos comenzando con los más importantes: la salud de la población, el mejoramiento continuo de la calidad de vida y el medio ambiente en que vivimos. Una historia de terror se aproxima en el horizonte.



Los mexicanos aprendimos a sortear los problemas macroeconómicos que ahora embargan el futuro mediato de los griegos, pero nos enfrentamos al complicado y macabro problema de las limitaciones de la democracia ante el poder contaminante y destructivo de la avaricia de las corporaciones transnacionales que amenazan con destruir nuestro hábitat.

Tuesday, September 24, 2013

Dublinesca


Dublinesca
Enrique Vila Matas

La lectura de este entretenido libro de Enrique Vila-Matas, excelente escritor catalán, no fue sencilla ya que tuve que investigar y refrescar un poco la memoria con respecto a la vida del escritor irlandés James Joyce, del que se hace referencia en todo momento, de sus personajes y de su natal Dublín. Joyce fue el autor del libro llamado Dublineses, del que toma el nombre este otro libro y quién, de acuerdo a muchos estudiosos de la literatura, revolucionó la narrativa moderna con sus escritos en inglés, destacando sobre todos, Ulises y su obra final, Finnegan’s Wake, que aparentemente centra su trama sobre el velorio de un albañil y está considerado como uno de los libros más difíciles de comprender.

James Augustine Aloysius Joyce (Dublín, 2 de febrero de 1882- Zurich, 13 enero 1941)

Ese detalle me consternó profundamente ya que siempre he pensado y entendido que entre más claro y sencillo sea el mensaje y el lenguaje utilizado para transmitirlo, tanto mejor para que una mayor audiencia lo comprenda y lo disfrute. Un mensaje críptico y  rebuscado, utilizando modismos, regionalismos e inventando nuevas expresiones no tendría como objetivo el penetrar en una audiencia numerosa, aunque sí explorar nuevas formas de expresión literaria. Me queda claro que los grandes genios del pasado, trátese de la forma de arte de la que se trate, generalmente se adelantaban a su tiempo y su forma de expresión, siempre muy personal y hasta íntima, era criticada, rechazada e incomprendida hasta muchos años después de su muerte, razón por la cual vivieron aislados, muchas veces tristes y faltos de recursos debido a que su arte no tenía aceptación ni demanda, se vendía poco y a precios irrisorios, comparados a los que alcanzarían unos años después, en las subastas actuales. Así se comportaba la sociedad hasta hace unos cuantos años ante las grandes aportaciones al pensamiento de la humanidad, a la ciencia, a la técnica, a las artes. Una compleja paradoja de valores ya que esos personajes, trascendentes y exitosos en su realización, vivieron vidas obscuras, muchas veces solitarias y tristes, invadidas por escasez y la miseria. Curiosamente, se veían rodeados de otros genios y personas trascendentes y después famosas, pero que en esos momentos apenas si sobrevivían decorosamente de la actividad que los haría famosos.

Acerca de James Joyce, me consternó volver a leer sobre su vida, un tanto lúgubre e invadida por las limitaciones económicas, enfrentando situaciones  vulgares y comunes a cualquier otro ser humano y sin embargo, alcanzó a convertirse en un monstruo de la literatura universal. Nunca disfrutó un instante de paz y tranquilidad, nunca conoció la seguridad financiera y sufrió constantemente de una salud precaria, sometido constantemente a operaciones oftalmológicas, que en esos tiempos deben haber sido muy riesgosas y afligiéndolo enormemente al depender de su vista para escribir, además del dolor físico de la recuperación. Definitivamente, la vida no es justa, nunca lo ha sido.    

Dublinesca, el reciente divertimento literario de Enrique Vila-Matas, se desarrolla en Barcelona y Dublín, y juega con su propio pasado introduciéndonos en descripciones familiares relativas a su relación marital, las visitas de todos los miércoles a casa de sus padres, y su creciente y constante problema con el alcohol. El choque con su realidad me causó un enorme impacto, al descubrir al editor retirado que ha perdido toda ilusión en esta vida y no se siente orgulloso de lo realizado, con excepción de sus estancias en Nueva York. Sigue buscando “al escritor” genial al que va a descubrir, de la misma manera en que un productor descubre a un grupo de chamacos que se convierten en The Beatles. Pero no lo encuentra, no lo descubre y nunca pierde del todo la esperanza. Y todos los miércoles vuelve solo, a visitar a sus padres en ese ritual disfuncional donde cada loco desarrolla su tema mientras cruza algunas palabras con los otros dos, en esa sala añeja que se ve aglomerada de cuadros antiguos y espíritus de parientes que se rehúsan a partir definitivamente, y cuyos fantasmas fuman puros y cigarrillos en los pasillos y en la puerta del patio, inundando de aromas y recuerdos la vieja casona de su infancia. Y como la vida misma, el libro va entretejiendo la realidad de este editor en retiro con sus sueños y ocurrencias y recuerdos, mientras su pareja, distante pero presente, decide cambiar de religión y de dieta, rompiendo con la tradición y los mandamientos como ocurre a cada instante hoy en día, sobre todo de manera tan notoria en España, donde los contrastes se hacen más marcados por la carga de ayeres casi primitivos con la modernidad tecnológica actual enmarcada en su exquisita y moderna arquitectura, así como su inclusión en Unión Europea.

Esa desesperanza satura la lectura de estas hojas, enhebrando una prosa fluida que repentinamente se atasca, se anuda siguiendo los trazos estilísticos de Joyce, que pareciera que intenta confundirnos para verificar si en realidad estamos prestando atención o nada más hacemos como que leemos. Al final descubrimos que se ha afianzado y rescatado un cúmulo de referencias culturales importantes que nos ayudan a interpretar el desbarajuste de la extrañamente lógica realidad que nos ha tocado vivir. El réquiem por la Era de Gutemberg no acaba de hacer efecto como aún no se acaba de popularizar el hábito de la lectura en papel, mucho menos en un dispositivo telemático con tantas aplicaciones que acaban distrayendo y diluyendo la intención más sincera del más aplicado hikikomori. Nos descubre un mundo, no en sus palabras, sino en el proceso de entenderlas y ponerlas en contexto, en este mundo globalizado y aparentemente incoherente, que necesita de la aportación de todos para darle sentido y viabilidad. Y como quien manda un “like” en el feisbuc, gracias Enrique, he disfrutado mucho de este divertimento Joyciano.

Monday, August 5, 2013

El Llanero Solitario


“Para ser un héroe necesitas llevar una máscara”, le dijo el indio al Llanero Solitario. 

Permítame recomendarle la nueva película del Llanero Solitario, protagonizada por Johnny Depp y Armie Hammer. A mí me ganó la música, aparte de los excelentes efectos especiales, paisajes y vestuario, desde el instante en que la orquesta comienza a interpretar el 4° movimiento de la legendaria y definitivamente heroica Apertura de la ópera Guillaume Tell, de Rossini, cuando la trompeta anuncia que el rescate viene en camino. La energía que evoca esa pieza musical es intoxicante.

 

El juego de relevos acelerados entre los instrumentos de viento y las cuerdas proyecta la imagen auditiva del jinete corriendo a todo galope sobre su caballo blanco por esos paisajes desérticos del norte de México, salpicados de cactus y formaciones rocosas impresionantes. La esencia del héroe enmascarado que lucha por la ley y las causas más justas choca contra las fuerzas del mal aunque se encuentre en desventaja y aunque ese mal se disfrace de… patriotismo.

Como muchas películas, El Llanero Solitario, podría parecer una película cómica y entretenida que recrea una historia de revista o comic para replantear su origen: “Cómo es que surge el Llanero Solitario”, contado por el testigo más cercano, su fiel amigo y compañero apache, que en realidad es comanche. Pero como toda historia que valga la pena, la trama no es tan sencilla como aparenta ya que debajo de esa superficie lúdica y de comicidad infantil subyace un mensaje oculto. Una crítica directa a los Estados Unidos de América, a su gobierno, a su gente, a sus tradiciones, a su ejército y al capitalismo voraz que permite que en nombre del progreso, la libertad y la democracia, un puñado de hombres poderosos maneje al resto como títeres sin cabeza ni voluntad. Así de fuerte.
 

Esos influyentes caballeros son los que jalan los hilos para mandar a los jóvenes, reclutados en su ejército, a la guerra, indoctrinados y convencidos de que van a liberar a personas inocentes de las garras, antes del comunismo, ahora de la dictadura de algún sátrapa (que curiosamente años atrás fueron sus mejores aliados y socios, en una situación se ha repetido muchas veces, en muchos países, incluyendo a Osama Bin Laden y a Saddam Hussein). En realidad esos jóvenes soldados son la carne de cañón de una fuerza abusiva que invade países, destruye familias y comunidades enteras para apoderarse de sus recursos naturales, arrasando todo a su paso. Esos magnates, sin escrúpulo alguno ordenan destruir ciudades, masacrar poblaciones, erradicar culturas y se meten en cada rincón corrompiéndolo todo para hacerse más ricos y más poderosos. Engañan a la sociedad y manipulan a los diputados y senadores norteamericanos para comprometerlos a invertir el dinero de la ciudadanía en sus empresas para desarrollar nuevas armas y tecnología para espiarnos y someternos a todos.
Compran conciencias, corrompen instituciones, pervierten las leyes, financiados por el dinero de los impuestos de la gente común. Y cuando el pueblo norteamericano duda y cuestiona esas acciones, esos ricachones dueños de los medios de información dan la orden a la banda y tocan el himno.

Todos se detienen y guardan honores a la bandera y juegan beisbol, y comen hot-dogs, e inmediatamente, como hipnotizados, olvidan todo o piensan que es mejor ser parte de este sueño americano, aunque a ellos les toque la pesadilla de vivir en la calle porque un banquero les mintió y se apoderó de su casa y sus ahorros. Y la ley y la policía están del lado del poderoso y si protestas, te golpean y te encarcelan, además de que quedas marcado, fichado. Ahora tienes una mancha en tu archivo personal. Aunque hayan ido a pelear bajo esa bandera rayada con estrellas, arriesgando la vida y se hayan sentido parte de “algo más grande”, luego son abandonados sin una pierna, sin brazos, sin futuro y sin sueños, corroídos de culpabilidad por haber matado a jóvenes enemigos indefensos, mujeres, ancianos y niños, obedeciendo la orden de un superior. Solos enfrentan la crisis de creer que había otra opción cuando nunca la hubo, sospechando que alguien cometió un terrible error. Los soldados no piensan, obedecen y ejecutan. El remordimiento viene después, así funciona la maquinaria de la guerra. Por eso tantos quedan dañados del cerebro y ese miedo, esa violencia, fluye como veneno cuando están de vuelta en casa e inunda sus ciudades y destruye sus comunidades. El karma se revierte. La sensación de miedo les queda grabada en la profundidad de sus conciencias y los hace aferrarse a sus armas al descubrir la cara del verdadero enemigo. Ese monstruo destructor y avaro que albergan en su propia casa.


Muchos ciudadanos norteamericanos no entienden como puede haber gente tan mala en otros países, capaz de ir a los EEUU a sacrificarse literalmente con tal de cometer un acto de terrorismo y matar a un puñado de inocentes que no le hacen daño a nadie. No ven más allá del miedo y no llegan a percibir la relación causa-efecto del daño que sus padres, sus compañeros, sus hijos y vecinos reclutados por el ejército, del cual parecen tan orgullosos, han causado en otras poblaciones del mundo, arrasando vidas y destruyendo hogares, contaminando el medio ambiente hasta dejar un vacío absoluto en los corazones de los vejados. Ven, leen y escuchan las noticias sin tomar conciencia de lo que sus conciudadanos, están haciendo y han hecho, durante varios siglos. No comprenden que no pueden tomarse el derecho de invadir países sin importar el pretexto. Les llaman agresores cuando se tratan de defender en su propia casa, para así justificar de alguna manera su presencia y el uso de una fuerza tecnológicamente superior, como si la invasión a Vietnam no hubiera sido un ejemplo lo suficientemente claro del error de su comportamiento, de su política exterior absurda. Y como muestra, hay varios botones en su propia casa. He ahí el abuso, la traición y aniquilación de las etnias nativas americanas. Los campos de exterminio llamados “reservaciones indias” a las que fueron remitidos los pocos supervivientes de las matanzas a los pobladores originales de esos territorios: Comanches, Apaches, Californios, Siux, Mohicanos, Navajos y tantas otras etnias que han aniquilado, culturas que han desaparecido para siempre. 


El personaje de Johnny Depp, “Toro” en la versión al español, representa al fiel compañero indio del justiciero enmascarado y se llama, originalmente en inglés, “Tonto”, lo cual siempre me ha parecido ofensivo y típico de la falta de sensibilidad de muchos gringos. Por mucho tiempo he considerado que se trata de un error conceptual. Ávido lector de la historieta, cuando niño, y aficionado al programa de TV de este dúo dinámico a caballo,
 

cuando tuve contacto con la versión en inglés, ese nombre me pareció una incongruencia del autor, quien promovía la justicia y las causas legítimas de los indígenas. Después de mucho análisis llegué a la conclusión de que el mensaje original que quería transmitir el autor era que el nativo no hablaba, que era mudo (en inglés, dumb) y en la película vemos que esa ausencia de lenguaje se debe a un trauma infantil terrible. El niño indígena carga en su conciencia la culpa de que por su indiscreción, con los 2 forasteros a los que salvó la vida y a los que enseñó el nacimiento del río con piedras brillantes, su tribu entera fuera aniquilada, quedando más huérfano que ningún otro ser. El caso es que como para muchos otros norteamericanos, para el autor, ser indígena le pareció ser sinónimo de mexicano y buscó la traducción de mudo - dumb en español y encontró una acepción distinta tonto - dummy. Un error grave que nunca se remedió. Por eso se cambió el nombre del personaje al español por Toro, a secas, aunque la tradición nativa siempre agrega un calificativo, como el caso de Caballo Loco o Toro Sentado.


Volviendo a la trama, puede usted disfrutar la película como una comedia de acción muy entretenida o analizar a fondo los mensajes que no están tan escondidos, de hecho son tan grotescos y directos que llaman la atención, pero ni modo que la prohíban en el país de la supuesta libertad de expresión. Queda claro, que si un norteamericano con conciencia quiere delatar los abusos y arbitrariedades que está cometiendo el gobierno o el ejército de los Estados Unidos, más vale dejarse puesta la máscara. De lo contrario te puede pasar lo que al oficial Bradley Manning, que fue encontrado culpable por filtrar información comprometedora sobre las irregularidades cometidas por el ejército estadounidense a Wikileaks.
 


Enfrenta la posibilidad de pasar el resto de su vida en una prisión militar a pesar de contar con el apoyo y aprobación de varios premios Nobel de la Paz y del ex-presidente Jimmy Carter. O como sucedió a Edward Snowden, el analista informático contratado por la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional) que ha destapado la cloaca sobre la información obtenida mediante espionaje por esa agencia gubernamental que tiene por objetivo sustraer información confidencial de todos los gobiernos de todos países, aliados o no, e incluso a sus propios conciudadanos, sin que ellos lo sepan, amparados en su lucha contra el terrorismo. Este joven con conciencia se la ha pasado atrapado en el aeropuerto de Moscú por más de un mes, hasta hace unos días, en que recibió asilo político del gobierno ruso.



Finalmente, cabe mencionar el encomiable propósito de Johnny Depp de donar sus ganancias en esta película para comprar un rancho que es parte del territorio sagrado de la tribu Comanche. Este lugar fue convertido en una reservación india mediante acuerdos de no agresión signados por el presidente de los EEUU con los jefes de la tribu y luego, traicionando el acuerdo, la tribu fue atacada sin previo aviso, siendo enviados los pocos supervivientes a otras reservaciones donde no tenían arraigo. El gobierno vendió la propiedad a un particular. Esa propiedad está ahora a la venta. Una historia de película para denunciar una infamia histórica y perfectamente documentada.
 

Monday, February 14, 2011

El Rapto del Cisne

Siempre me ha llamado la atención la manera en que los psicólogos y los psiquiatras se internan en la trama de la vida de sus pacientes para tratar de descubrir el momento en que se dañó la autoestima, en que sobrevino el trauma y/o la frustración, como quien está buscando una escena específica en una serie de televisión vieja donde se tiene la oportunidad de revisar todos los capítulos anteriores. Para entender esa trama se necesita aprender los nombres y las características de los personajes involucrados, desde el punto de vista del narrador, que de alguna manera debería ser el actor principal aunque no pocas veces aparece como un actor de reparto o un “extra”. Para el analista es como vivir enfrascado en la vida de otras personas y como asesor, trata de aconsejar, orientar y guiar a cada paciente para que tome la mejor decisión y realice ciertas acciones para desenrollar algún nudo gordiano que lo estrangula.

Todos conocemos de las vicisitudes en la vida de los demás y hemos experimentado la manera en que puede afectar el saber lo que ocurre en esa trama, en la que está uno de “oyente” y a veces como actor. Ya sea como compañero, como hermano, como hijo, como padre o como amigo, es impresionante la carga emocional y el agotamiento que provoca participar. También es desesperante el lento pasar del tiempo para conocer el desenlace y constatar cómo reaccionaron las partes ante un determinado acontecimiento. Puede ser adictivo y definitivamente llega a ser emocionalmente extenuante. Ahora imagínese la inquietante situación que representaría el escuchar las vivencias y problemas de 5 o 6 pacientes en un día y así cada día laboral de la semana y del mes. Como la mayoría de las consultas a las que asiste un paciente de terapia son cada semana o cada 15 días, dependiendo de la gravedad del asunto, imagine la cantidad de historias, actores y dramas con los que tendría que familiarizarse para poder apoyar efectivamente a cada paciente. Por más que le gustara a uno el chisme, no quedaría tiempo, ni espacio, en el disco duro de nuestro cerebro, para tener una VIDA propia. Me imagino que sería, de alguna manera y perdonando la comparación, como ser una comadre lavandera de vecindad que se mantiene al tanto de “la vida y obra” de más de 50 personas. La cantidad de información puede llegar a ser impresionante.

Parte importante del entrenamiento de estos profesionales de la salud mental, estriba en aprender a no involucrarse en la trama, no generar afectos y no tomar decisiones por las personas a las que tratan de ayudar. Es más común de lo que uno podría imaginarse que la situación a la que se enfrenta el paciente se le antoje al que escucha. Sobre todo si su propia vida es aburrida y un tanto vacía de emociones. En ocasiones, el analista se ve atraído por la personalidad, la situación económica, el entorno o incluso por el físico del o de la paciente, y apoyados en esa relación de confianza que se establece con el que escucha, acaban por enamorar y enamorarse, cuando deberían estar ayudando, y como decían los merolicos de banqueta “atrás de la raya que estoy trabajando” (Eso ocurre en la serie de TV “Gary Un/married”, por ejemplo, en la que la esposa del protagonista se enamora del psiquiatra y deja al esposo para casarse con su analista)

Por esa razón, en otros países (no he escuchado que esos controles existan en México pero realmente lo ignoro) los analistas, ya sean psicólogos, psiquiatras o filósofos, para poder ejercer la práctica necesitan pertenecer a una asociación que avale y certifique su preparación y desempeño, escuche quejas de abuso y puede llegar a suspender y hasta multar y expulsar al Profesional de la Salud Mental que viole el Código de Ética establecido y aceptado por el gremio.

En este libro, que surge como heredero de la fama que Elizabeth Kostova obtuvo en su publicación anterior (La Historiadora), se sumerge en la vida de un competente, serio, formal, confiable, correcto y aburrido psiquiatra que como atractivo personal resulta ser un artista aficionado a la pintura, actividad que llena sus escasos tiempos libres y que comparte con un paciente que padece un serio problema de comportamiento. Este paciente refleja a lo largo de su descripción una serie de detalles que nos revela un profundo conocimiento de los desórdenes mentales típicos de las personas creativas, por parte de la autora. Me refiero a esos comportamientos, de alguna manera característicos de algunos pintores famosos y que la sociedad califica de excéntricos. Salvador Dalí, José Luis Cuevas, Pablo Picasso, Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, por mencionar a algunos, podría considerarse que no estaban del todo bien de sus facultades mentales y que se balanceaban entre la genialidad y la locura, aunque la línea que separa a los que supuestamente están bien de los que no, es muy tenue y rara vez es recta.

Además de lo anteriormente relatado, destaca el conocimiento del que hace gala Elizabeth Kostova sobre el desarrollo del movimiento pictórico, para mi gusto, más atractivo en la Historia del Arte en Occidente: El Impresionismo. La autora nos inventa a un personaje que inserta entre la baraja de protagonistas de este movimiento con epicentro en Francia de tal forma que emociona descubrir a esta artista y su historia particular, la cual encaja a la perfección con la excentricidades de los demás integrantes de los ISMOS pictóricos de finales del siglo XIX y principios del XX. Le recomiendo mucho este libro que ilustra al intelecto y al alma de muchas maneras. www.theswanthieves.com
Cosa que tratamos de elevar el nivel de lectura per cápita en México, lo cual no estaría nada mal.