Tuesday, September 24, 2013

Dublinesca


Dublinesca
Enrique Vila Matas

La lectura de este entretenido libro de Enrique Vila-Matas, excelente escritor catalán, no fue sencilla ya que tuve que investigar y refrescar un poco la memoria con respecto a la vida del escritor irlandés James Joyce, del que se hace referencia en todo momento, de sus personajes y de su natal Dublín. Joyce fue el autor del libro llamado Dublineses, del que toma el nombre este otro libro y quién, de acuerdo a muchos estudiosos de la literatura, revolucionó la narrativa moderna con sus escritos en inglés, destacando sobre todos, Ulises y su obra final, Finnegan’s Wake, que aparentemente centra su trama sobre el velorio de un albañil y está considerado como uno de los libros más difíciles de comprender.

James Augustine Aloysius Joyce (Dublín, 2 de febrero de 1882- Zurich, 13 enero 1941)

Ese detalle me consternó profundamente ya que siempre he pensado y entendido que entre más claro y sencillo sea el mensaje y el lenguaje utilizado para transmitirlo, tanto mejor para que una mayor audiencia lo comprenda y lo disfrute. Un mensaje críptico y  rebuscado, utilizando modismos, regionalismos e inventando nuevas expresiones no tendría como objetivo el penetrar en una audiencia numerosa, aunque sí explorar nuevas formas de expresión literaria. Me queda claro que los grandes genios del pasado, trátese de la forma de arte de la que se trate, generalmente se adelantaban a su tiempo y su forma de expresión, siempre muy personal y hasta íntima, era criticada, rechazada e incomprendida hasta muchos años después de su muerte, razón por la cual vivieron aislados, muchas veces tristes y faltos de recursos debido a que su arte no tenía aceptación ni demanda, se vendía poco y a precios irrisorios, comparados a los que alcanzarían unos años después, en las subastas actuales. Así se comportaba la sociedad hasta hace unos cuantos años ante las grandes aportaciones al pensamiento de la humanidad, a la ciencia, a la técnica, a las artes. Una compleja paradoja de valores ya que esos personajes, trascendentes y exitosos en su realización, vivieron vidas obscuras, muchas veces solitarias y tristes, invadidas por escasez y la miseria. Curiosamente, se veían rodeados de otros genios y personas trascendentes y después famosas, pero que en esos momentos apenas si sobrevivían decorosamente de la actividad que los haría famosos.

Acerca de James Joyce, me consternó volver a leer sobre su vida, un tanto lúgubre e invadida por las limitaciones económicas, enfrentando situaciones  vulgares y comunes a cualquier otro ser humano y sin embargo, alcanzó a convertirse en un monstruo de la literatura universal. Nunca disfrutó un instante de paz y tranquilidad, nunca conoció la seguridad financiera y sufrió constantemente de una salud precaria, sometido constantemente a operaciones oftalmológicas, que en esos tiempos deben haber sido muy riesgosas y afligiéndolo enormemente al depender de su vista para escribir, además del dolor físico de la recuperación. Definitivamente, la vida no es justa, nunca lo ha sido.    

Dublinesca, el reciente divertimento literario de Enrique Vila-Matas, se desarrolla en Barcelona y Dublín, y juega con su propio pasado introduciéndonos en descripciones familiares relativas a su relación marital, las visitas de todos los miércoles a casa de sus padres, y su creciente y constante problema con el alcohol. El choque con su realidad me causó un enorme impacto, al descubrir al editor retirado que ha perdido toda ilusión en esta vida y no se siente orgulloso de lo realizado, con excepción de sus estancias en Nueva York. Sigue buscando “al escritor” genial al que va a descubrir, de la misma manera en que un productor descubre a un grupo de chamacos que se convierten en The Beatles. Pero no lo encuentra, no lo descubre y nunca pierde del todo la esperanza. Y todos los miércoles vuelve solo, a visitar a sus padres en ese ritual disfuncional donde cada loco desarrolla su tema mientras cruza algunas palabras con los otros dos, en esa sala añeja que se ve aglomerada de cuadros antiguos y espíritus de parientes que se rehúsan a partir definitivamente, y cuyos fantasmas fuman puros y cigarrillos en los pasillos y en la puerta del patio, inundando de aromas y recuerdos la vieja casona de su infancia. Y como la vida misma, el libro va entretejiendo la realidad de este editor en retiro con sus sueños y ocurrencias y recuerdos, mientras su pareja, distante pero presente, decide cambiar de religión y de dieta, rompiendo con la tradición y los mandamientos como ocurre a cada instante hoy en día, sobre todo de manera tan notoria en España, donde los contrastes se hacen más marcados por la carga de ayeres casi primitivos con la modernidad tecnológica actual enmarcada en su exquisita y moderna arquitectura, así como su inclusión en Unión Europea.

Esa desesperanza satura la lectura de estas hojas, enhebrando una prosa fluida que repentinamente se atasca, se anuda siguiendo los trazos estilísticos de Joyce, que pareciera que intenta confundirnos para verificar si en realidad estamos prestando atención o nada más hacemos como que leemos. Al final descubrimos que se ha afianzado y rescatado un cúmulo de referencias culturales importantes que nos ayudan a interpretar el desbarajuste de la extrañamente lógica realidad que nos ha tocado vivir. El réquiem por la Era de Gutemberg no acaba de hacer efecto como aún no se acaba de popularizar el hábito de la lectura en papel, mucho menos en un dispositivo telemático con tantas aplicaciones que acaban distrayendo y diluyendo la intención más sincera del más aplicado hikikomori. Nos descubre un mundo, no en sus palabras, sino en el proceso de entenderlas y ponerlas en contexto, en este mundo globalizado y aparentemente incoherente, que necesita de la aportación de todos para darle sentido y viabilidad. Y como quien manda un “like” en el feisbuc, gracias Enrique, he disfrutado mucho de este divertimento Joyciano.

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