Monday, January 20, 2014

Con el agua al cuello

Petros Markaris

Petros Márkaris
Con el agua al cuello, Tusquets Editores México 2012
Es una historia policíaca que muestra la precaria existencia y el gris horizonte, vislumbrado a futuro, por los habitantes de Grecia, ciudadanos e inmigrantes ilegales, debido a la crisis financiera mundial perpetrada por la avaricia de los bancos y las casas de bolsa, principalmente las instituciones norteamericanas, de la mano los bancos de todo el mundo.


Grecia es el escenario donde ocurre la trama de esta novela y es, sin lugar a dudas, el país integrante de la UE que ha resultado más perjudicado, seguido de Irlanda, Portugal y España. Además, tratando de dilucidar la trama policíaca que implica una serie de asesinatos y decapitaciones, el comisario de la policía ateniense que va por el nombre de Kostas Jaritos, descubre otra crisis humana. La provocada por el deporte profesional y los millonarios premios ofrecidos a los triunfadores por las mismas organizaciones deportivas internacionales, los medios informativos masivos que se pelean los millonarios contratos de transmisión exclusiva de los eventos y las empresas que utilizan la imagen de estos campeones para promocionar sus productos. Tal fenómeno ha provocado el desarrollo secreto y el consumo de substancias que les permiten a los atletas mejorar su desempeño pero que afectan terriblemente la salud de los atletas, todo para logar mejorar esas milésimas de segundo que separan a los perdedores de las estrellas del deporte, que firman millonarios contratos. Esa audacia, a veces perpetrada por representantes y entrenadores, en no pocos atletas propicia enfermedades prolongadas e incontrolables, llenas de sufrimiento, además de la pena por el desenmascaramiento de la realidad por parte de las instituciones que realizan las pruebas antidoping, que los sumergen en el descrédito y la miseria. Basta recordar el caso más sonado, el del famoso ciclista estadounidense Lance Amstrong, quien después de ganar las competencias más afamadas de Europa y de romper los records mundiales, finalmente se vio obligado a reconocer la manera en que combinaba el entrenamiento con el consumo de substancias prohibidas, sin escrúpulo alguno, con premeditada y alevosía.

Así, mediante la cuidadosa e ilustrativa construcción de los acontecimientos de esta trama policíaca que desenmascara el juego de las finanzas internacionales, Petros va mostrando al lector con lujo de detalle la desesperanza que siente al ciudadano común ante la devaluación de sus bienes y sus ahorros y la complicada situación de la economía donde nadie o casi nadie, se puede dar el lujo de comprar nada, lo que dificulta el lanzamiento de nuevos emprendimientos o la apertura de negocios. La sociedad enfrenta una parálisis que desmotiva la educación y las actividades deportivas, culturales y recreativas e incrementa el estrés, la adquisición de todo tipo de adicciones, la violencia, el crimen y la corrupción, afectando gravemente la calidad de vida de la población.
Esa situación me resultó ser extrañamente familiar ya que muchos de mi generación crecimos escuchando esas mismas quejas por parte de nuestros padres aquí en México y esa preocupación, aunada a otros fenómenos sociales, como el terremoto de 1985, impulsó muchos de los cambios sociales que provocaron cambios importantes en el gobierno y en la manera de gobernar, que los jóvenes milenarios y de la generación X no sufrieron, y por tanto desconocen. El estricto control de las variables macroeconómicas establecidas por el gobierno de Ernesto Zedillo y continuadas por Vicente Fox y Felipe Calderón, han protegido a México y a sus ciudadanos contra este tipo de situación en donde la culpa es de todos, pero la responsabilidad es del gobierno. Por eso se estableció la independencia del Banco de México y su sistema de funcionarios profesionales de carrera, donde su presidente tiene un turno de 8 años en el cargo para así para evitar las fluctuaciones cada 6 años de los cambios sexenales político-partidistas y la tentación de dictar desde Los Pinos las políticas monetarias y financieras del país, obligando que el banco de México sea manejado por expertos y no por compadres leales a un presidente o un partido. Esas prolongadas crisis sufridas por gran parte de la población provocaron que las personas con cierto éxito económico se acostumbraran a abrir cuentas en dólares en el extranjero, para proteger su patrimonio de las reiteradas estupideces y abusos cometidos desde el poder, provocando una falta de confianza que Fox y Calderón no supieron superar y que ahora va en picada franca. Esas inversiones y cuentas de ahorro, que podrían propiciar inversiones y empleos en nuestros país continúan escondidos fuera de las fronteras y el gobierno mexicano, en lugar de propiciar un ambiente que convenza y atraiga, instauran más controles a través de los bancos, con el pretexto de incrementar el pago de impuestos.

El pueblo griego apenas ha comenzado el calvario de la crisis financiera y sufren los enormes sacrificios de la población para hacerles frente, dejando en claro algo que hace tiempo aprendimos aquí en Mexicalpando de las Tunas y que esperemos no se nos olvide. La crisis es social y la pagamos todos, los beneficios siempre son particulares y de un grupo de notables (una pandilla de pillos). El actual modelo político (y social) mexicano está sufriendo un grave desgaste en todos los frentes y no tenemos bien en claro lo que debemos hacer. El tejido social es un harapo deshilachado y desteñido que trata de encontrar una respuesta a una pregunta que no ha comenzado a entender.

Con la reforma energética se espera liberar una serie de amarres legales para permitir una mayor explotación de yacimientos petroleros y de gas natural, que el grupo en el poder trata de justificar explicando que la generación de dinero beneficiará a todos con precios más bajos para el gas, la electricidad y la generación de nuevos empleos. Nos ponen como ejemplo mediante obtusas campañas de medios la numerosa y extensiva explotación de yacimientos en EEUU, asumiendo que todos entendemos, obvio, que eso debe de ser algo bueno ya que lo están haciendo los gringos.
Sin embargo, no se comenta la grave situación que enfrenta la política interna de los EEUU, por no llamarle democracia, donde los diputados y los senadores, el presidente y los jueces, han sido comprados con las fortunas, cuando no cooptados por la influencia, de las empresas petroleras, lo que ha propiciado que representen y protejan los intereses de los petroleros, en detrimento de la ciudadanía y del medio ambiente. Una situación que pondría en jaque a las instituciones que aún parecen funcionar. No nos muestran los severos problemas ecológicos que están causando estas empresas transnacionales están provocando en todo el territorio estadounidense sin ningún pudor, con los escandalosos derrames y fugas que están propiciando en mares, ríos y bosques, de los cuales, con los poderes de gobierno en su bolsa de caudales, no hay quien los haga responsables y ahí se quedan como un problema sin resolver, algo que está pasando. Si las fugas que se han detectado en la superficie son gravísimas y muy costosas en términos ecológicos y de salud pública, son muchas las fugas no son visibles y que contaminan los mantos freáticos de donde se obtiene el agua para beber, para regar sembradíos y para que se puedan abastecer las granjas de animales de los que se alimenta la población.

Es hasta que las personas comienzan a mostrar síntomas de envenenamiento o graves enfermedades terminales cuando se estima pertinente el análisis del agua para descubrir residuos de hidrocarburos y de otros químicos, con una toxicidad de impredecibles efectos para la salud y sólo entonces se trata de descubrir la falla y a los responsables. Las empresas transnacionales se lavan las manos y evitan a toda costa hacerse responsables de esta contaminación. Como mencioné antes, las empresas petroleras tienen compradas a las autoridades y jueces para mantenerse impunes, y esto lo han hecho y lo siguen haciendo en su propio territorio, nuestros vecinos del norte.
Con la confianza que tenemos en nuestras autoridades, la falta de conocimientos y cultura de nuestra población, la falta de legislaciones medioambientales y de su reglamentación incluyendo sanciones, considero de manera personal que sería más el sufrimiento de los afectados y daños al medio ambiente, que los recursos financieros que se obtendrían al dar manga ancha a la explotación de los recursos en territorio mexicano por parte de compañías extranjeras que nos presentan como “expertas”.
 

 Lo mismo aplica a la explotación de minas. Tenemos que desarrollar otras opciones, perfeccionar la vocación turístico-ecológica de nuestro territorio y cuidar nuestros recursos comenzando con los más importantes: la salud de la población, el mejoramiento continuo de la calidad de vida y el medio ambiente en que vivimos. Una historia de terror se aproxima en el horizonte.



Los mexicanos aprendimos a sortear los problemas macroeconómicos que ahora embargan el futuro mediato de los griegos, pero nos enfrentamos al complicado y macabro problema de las limitaciones de la democracia ante el poder contaminante y destructivo de la avaricia de las corporaciones transnacionales que amenazan con destruir nuestro hábitat.

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