Petros
Márkaris
Con el agua
al cuello, Tusquets Editores México 2012
Es una historia policíaca que muestra la
precaria existencia y el gris horizonte, vislumbrado a futuro, por los
habitantes de Grecia, ciudadanos e inmigrantes ilegales, debido a la crisis
financiera mundial perpetrada por la avaricia de los bancos y las casas de
bolsa, principalmente las instituciones norteamericanas, de la mano los bancos
de todo el mundo.
Grecia es el escenario donde ocurre la trama de
esta novela y es, sin lugar a dudas, el país integrante de la UE que ha
resultado más perjudicado, seguido de Irlanda, Portugal y España. Además,
tratando de dilucidar la trama policíaca que implica una serie de asesinatos y
decapitaciones, el comisario de la policía ateniense que va por el nombre de
Kostas Jaritos, descubre otra crisis humana. La provocada por el deporte
profesional y los millonarios premios ofrecidos a los triunfadores por las
mismas organizaciones deportivas internacionales, los medios informativos
masivos que se pelean los millonarios contratos de transmisión exclusiva de los
eventos y las empresas que utilizan la imagen de estos campeones para
promocionar sus productos. Tal fenómeno ha provocado el desarrollo secreto y el
consumo de substancias que les permiten a los atletas mejorar su desempeño pero
que afectan terriblemente la salud de los atletas, todo para logar mejorar esas
milésimas de segundo que separan a los perdedores de las estrellas del deporte,
que firman millonarios contratos. Esa audacia, a veces perpetrada por
representantes y entrenadores, en no pocos atletas propicia enfermedades
prolongadas e incontrolables, llenas de sufrimiento, además de la pena por el
desenmascaramiento de la realidad por parte de las instituciones que realizan
las pruebas antidoping, que los sumergen en el descrédito y la miseria. Basta
recordar el caso más sonado, el del famoso ciclista estadounidense Lance
Amstrong, quien después de ganar las competencias más afamadas de Europa y de
romper los records mundiales, finalmente se vio obligado a reconocer la manera
en que combinaba el entrenamiento con el consumo de substancias prohibidas, sin
escrúpulo alguno, con premeditada y alevosía.
Así, mediante la cuidadosa e ilustrativa
construcción de los acontecimientos de esta trama policíaca que desenmascara el
juego de las finanzas internacionales, Petros va mostrando al lector con lujo de
detalle la desesperanza que siente al ciudadano común ante la devaluación de sus
bienes y sus ahorros y la complicada situación de la economía donde nadie o casi
nadie, se puede dar el lujo de comprar nada, lo que dificulta el lanzamiento de
nuevos emprendimientos o la apertura de negocios. La sociedad enfrenta una
parálisis que desmotiva la educación y las actividades deportivas, culturales y
recreativas e incrementa el estrés, la adquisición de todo tipo de adicciones,
la violencia, el crimen y la corrupción, afectando gravemente la calidad de
vida de la población.
Esa situación me resultó ser extrañamente
familiar ya que muchos de mi generación crecimos escuchando esas mismas quejas
por parte de nuestros padres aquí en México y esa preocupación, aunada a otros
fenómenos sociales, como el terremoto de 1985, impulsó muchos de los cambios
sociales que provocaron cambios importantes en el gobierno y en la manera de
gobernar, que los jóvenes milenarios y de la generación X no sufrieron, y por
tanto desconocen. El estricto control de las variables macroeconómicas
establecidas por el gobierno de Ernesto Zedillo y continuadas por Vicente Fox y
Felipe Calderón, han protegido a México y a sus ciudadanos contra este tipo de
situación en donde la culpa es de todos, pero la responsabilidad es del
gobierno. Por eso se estableció la independencia del Banco de México y su
sistema de funcionarios profesionales de carrera, donde su presidente tiene un
turno de 8 años en el cargo para así para evitar las fluctuaciones cada 6 años de
los cambios sexenales político-partidistas y la tentación de dictar desde Los
Pinos las políticas monetarias y financieras del país, obligando que el banco
de México sea manejado por expertos y no por compadres leales a un presidente o
un partido. Esas prolongadas crisis sufridas por gran parte de la población
provocaron que las personas con cierto éxito económico se acostumbraran a abrir
cuentas en dólares en el extranjero, para proteger su patrimonio de las
reiteradas estupideces y abusos cometidos desde el poder, provocando una falta
de confianza que Fox y Calderón no supieron superar y que ahora va en picada
franca. Esas inversiones y cuentas de ahorro, que podrían propiciar inversiones
y empleos en nuestros país continúan escondidos fuera de las fronteras y el
gobierno mexicano, en lugar de propiciar un ambiente que convenza y atraiga,
instauran más controles a través de los bancos, con el pretexto de incrementar
el pago de impuestos.
El pueblo griego apenas ha comenzado el calvario
de la crisis financiera y sufren los enormes sacrificios de la población para
hacerles frente, dejando en claro algo que hace tiempo aprendimos aquí en
Mexicalpando de las Tunas y que esperemos no se nos olvide. La crisis es social
y la pagamos todos, los beneficios siempre son particulares y de un grupo de
notables (una pandilla de pillos). El actual modelo político (y social) mexicano
está sufriendo un grave desgaste en todos los frentes y no tenemos bien en
claro lo que debemos hacer. El tejido social es un harapo deshilachado y
desteñido que trata de encontrar una respuesta a una pregunta que no ha
comenzado a entender.
Con la reforma energética se espera liberar una
serie de amarres legales para permitir una mayor explotación de yacimientos
petroleros y de gas natural, que el grupo en el poder trata de justificar
explicando que la generación de dinero beneficiará a todos con precios más
bajos para el gas, la electricidad y la generación de nuevos empleos. Nos ponen
como ejemplo mediante obtusas campañas de medios la numerosa y extensiva explotación
de yacimientos en EEUU, asumiendo que todos entendemos, obvio, que eso debe de
ser algo bueno ya que lo están haciendo los gringos.
Sin embargo, no se comenta
la grave situación que enfrenta la política interna de los EEUU, por no
llamarle democracia, donde los diputados y los senadores, el presidente y los
jueces, han sido comprados con las fortunas, cuando no cooptados por la
influencia, de las empresas petroleras, lo que ha propiciado que representen y
protejan los intereses de los petroleros, en detrimento de la ciudadanía y del medio
ambiente. Una situación que pondría en jaque a las instituciones que aún parecen
funcionar. No nos muestran los severos problemas ecológicos que están causando estas
empresas transnacionales están provocando en todo el territorio estadounidense
sin ningún pudor, con los escandalosos derrames y fugas que están propiciando
en mares, ríos y bosques, de los cuales, con los poderes de gobierno en su
bolsa de caudales, no hay quien los haga responsables y ahí se quedan como un
problema sin resolver, algo que está pasando. Si las fugas que se han detectado
en la superficie son gravísimas y muy costosas en términos ecológicos y de
salud pública, son muchas las fugas no son visibles y que contaminan los mantos
freáticos de donde se obtiene el agua para beber, para regar sembradíos y para
que se puedan abastecer las granjas de animales de los que se alimenta la
población.
Es hasta que las personas comienzan a mostrar síntomas de
envenenamiento o graves enfermedades terminales cuando se estima pertinente el
análisis del agua para descubrir residuos de hidrocarburos y de otros químicos,
con una toxicidad de impredecibles efectos para la salud y sólo entonces se
trata de descubrir la falla y a los responsables. Las empresas transnacionales
se lavan las manos y evitan a toda costa hacerse responsables de esta
contaminación. Como mencioné antes, las empresas petroleras tienen compradas a
las autoridades y jueces para mantenerse impunes, y esto lo han hecho y lo
siguen haciendo en su propio territorio, nuestros vecinos del norte.
Los mexicanos aprendimos a sortear los
problemas macroeconómicos que ahora embargan el futuro mediato de los griegos,
pero nos enfrentamos al complicado y macabro problema de las limitaciones de la
democracia ante el poder contaminante y destructivo de la avaricia de las
corporaciones transnacionales que amenazan con destruir nuestro hábitat.
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